La cantidad de cobre que se encuentra en el cuerpo humano
(50 a 120 miligramos) probablemente cabría en la
cabeza de un alfiler, pero esa cantidad tan diminuta no
impide que este poderoso mineral lleve a cabo impresionantes
proezas para promover una salud óptima. Entre las
muchas tareas del cobre está la producción
de energía combustible, la prevención de la
anemia -ya que es necesario para el procesamiento del hierro-
y enfermedades óseas, la detención del daño
celular y la promoción de un apropiado desarrollo
fetal. Aunque el cobre se encuentra en los lugares más
recónditos del cuerpo, tiende a concentrarse en los
órganos con alta actividad metabólica, incluyendo
el hígado, cerebro, riñones y corazón.