¿Cómo obtiene cobre el
cuerpo humano?
El cuerpo no puede fabricar cobre, de modo que debe obtenerlo
de los alimentos o suplementos dietéticos. El cobre
está disponible en una amplia variedad de alimentos
frescos y ligeramente procesados. Las personas deben depender
de los alimentos con alto contenido de cobre como parte
de una dieta balanceada para obtener el cobre que necesitan.
De lo contrario, pueden ingerir suplementos como una medida
de seguridad o cuando fuese recetado por el médico.
Las personas que dependen de ellos, deben tomar píldoras
que no contengan más del 100% de la ingesta diaria
recomendada de cobre y otras vitaminas y minerales.
El cobre en la dieta alimenticia se absorbe en el estómago
y el intestino delgado y luego se distribuye a las proteínas
que lo necesitan y que aparentemente poseen poca capacidad
para almacenar el exceso de cobre en el cuerpo. En general,
el tracto gastrointestinal humano puede absorber 30 ó
40% del cobre ingerido en una típica dieta alimenticia
occidental; el resto se excreta a través de las heces.
Sin embargo, la absorción es más eficiente
cuando la ingesta en la dieta es baja. El exceso de otros
minerales o vitaminas, principalmente el zinc, puede afectar
la absorción del cobre, ya que estos compiten directamente
con éste en la absorción en el cuerpo. El
hígado es una pieza crítica para mantener
el equilibrio del cobre y asegurar que esté disponible
para incorporarlo en las proteínas corporales. El
exceso se excreta en la bilis.
Dosis necesaria de cobre para el buen funcionamiento
del cuerpo humano
El cuerpo exige una ingesta regular de cobre en la dieta
para mantenerse sano. Distintas autoridades nacionales e
internacionales han definido normas de ingesta de cobre
a niveles que se consideran adecuados para mantener la salud:
• La Organización Mundial de la Salud estima
que el límite inferior del rango aceptable de ingesta
oral diaria para el cobre es de 20 mg/kg de peso corporal
para los adultos y cerca de 50 mg/kg de peso corporal para
lactantes. Para un adulto saludable normal (que pesa entre
50 y 70 kg), esto equivale a 1,0 a 1,4 mg/día.
• La referencia de ingesta de la población
de la Unión Europea para el cobre es de 1,1 mg/día.
• La Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos
emitió su primera Cantidad Dietética Recomendada
(RDA) para el cobre en 2001, recomendando un consumo de
0,9 mg de cobre diario para adultos, 1,0 mg para las mujeres
embarazadas y para las madres en lactancia, 1,3 mg. La Academia
NAS también estableció un Límite Superior
Tolerable de 10 mg/día.
• El Comité Nórdico Permanente sobre
Alimentos estableció en 1996 la Cantidad Dietética
Recomendada (RDA) de cobre en 2 mg diarios para un adulto.
Las encuestas han mostrado que la ingesta media diaria
de cobre en adultos europeos es de entre 1,0 y 2,26 mg para
los hombres y de entre 0,9 y 1,1 para las mujeres. La mayoría
de los estudios encontraron ingestas en el extremo inferior
de ese rango, indicando que las dietas alimenticias en los
países occidentales proporcionan cobre bajo el rango
o en la zona baja del rango de los requerimientos diarios
recomendados por la Organización Mundial de la Salud.
| |
País |
Ingesta
de cobre promedio estimada en la
dieta de un adulto (mg/día) |
| |
Dinamarca |
1,2 |
| |
Finlandia |
2,0 |
| |
Alemania |
0,95 |
| |
Holanda |
1,5 |
| |
Noruega |
1,0 |
| |
Suecia |
1,2 |
| |
Reino
Unido |
1,63 (hombre) 1,23
(mujer) |
| |
Estados
Unidos |
1,24 (hombre) 0,9
(mujer) |
Esto sugiere que podría haber una cantidad importante
de individuos con ingesta de cobre marginal. Los cálculos
basados en la investigación de 849 dietas individuales
de Europa y Norte América, donde el contenido de
cobre se midió mediante análisis químico,
indicó que más del 30% de las dietas contenían
menos de 1,0 mg de cobre al día. Los datos de un
estudio reciente realizado en Irlanda mostraron que un 23%
de mujeres y 8% de hombres tenían una ingesta diaria
por debajo del requerimiento promedio. Un informe reciente
publicado por la Organización Mundial de la Salud
señala que, basado en los datos disponibles de la
exposición humana a nivel mundial, pero particularmente
en Europa y en las Américas, hay un mayor riesgo
de efectos sobre la salud a partir de una deficiencia de
ingesta de cobre que de un exceso de cobre.
Aunque el cobre se encuentra en los lugares más
recónditos del cuerpo, tiende a concentrarse en los
órganos con alta actividad metabólica, incluyendo
el hígado, cerebro, riñones y corazón.
Por lo menos 20 enzimas tienen funcionalidades que dependen
del cobre. Entre ellas se incluyen:
• Superóxido dismutasa (SOD), una enzima que
está presente en la mayoría de las células
humanas y que protege al cuerpo del daño de la oxidación.
Hay altas concentraciones en el tejido del cerebro, la tiroides
y del hígado.
• Lisil oxidasa, una enzima involucrada en los mecanismos
reticulantes necesarios para la estabilidad de los tejidos
conectivos. Una menor actividad de esta enzima se vincula
a numerosas anormalidades estructurales en muchos tejidos,
incluyendo el sistema óseo y cardiovascular.
• Citocromo oxidasa, una enzima que cataliza la reducción
de oxígeno a agua, un paso esencial en la respiración
celular. La actividad más alta es en el corazón,
y es también alta en el cerebro y el hígado.
El cobre tiene una amplia gama de funciones esenciales
que son críticas para la función fisiológica
normal y para la buena salud. Entre los beneficios del cobre
se cuentan:
Protección contra el estrés oxidativo
El cobre tiene un rol antioxidante esencial a través
de la lucha del superóxido dismutasa contra el estrés
oxidativo, ayudando a neutralizar los radicales libres que
podrían causar daños celulares graves. La
deficiencia de cobre produce una mayor oxidación
de los lípidos y las células oxidadas aumentan
el riesgo de contraer cáncer y enfermedades cardíacas.
Afortunadamente, el cobre cumple una función en la
elaborada defensa del cuerpo contra la oxidación.
Como parte de las enzimas encontradas dentro y alrededor
de las células, el cobre ayuda al cuerpo a neutralizar
los radicales libres para impedir la destrucción
celular.
El cerebro y el sistema nervioso central
El cobre parece tener múltiples roles en la salud
del sistema nervioso central, particularmente en el tejido
cerebral. Se necesita cobre para la formación y mantención
de la mielina, la capa protectora que cubre las neuronas.
Las enzimas que dependen del cobre también son necesarias
para la síntesis de neurotransmisores, mensajeros
químicos que permiten la comunicación entre
las células nerviosas.
La salud cardiovascular
El cobre es importante para la integridad estructural del
corazón y de los vasos sanguíneos. La reticulación
del colágeno arterial y la elastina requiere de la
enzima que depende del cobre, la lisil oxidasa. Entre los
muchos cambios anatómicos documentados producidos
por la deficiencia del cobre está la distensión
cardíaca, arterias con degeneración de músculos
lisos y aneurismas ventriculares y de la arteria coronaria
(inflamación anormal de una parte del vaso sanguíneo
causada por debilidad de la pared del vaso).
Muchos aspectos funcionales del corazón y de la
circulación se ven afectados en forma adversa por
la deficiencia del cobre. Hombres con una dieta alimenticia
con bajo contenido de cobre experimentan arritmias cardíacas
– frecuencias eléctricas anormales. El cobre
también afecta el metabolismo normal del colesterol:
hombres adultos sanos con una dieta con bajo contenido de
cobre muestran mayores niveles de colesterol LDL (el tipo
malo de colesterol) y menores niveles de colesterol HDL
(el tipo bueno de colesterol). Una baja ingesta de cobre
también ha demostrado que afecta adversamente el
metabolismo y la regulación de la presión.
El cobre también se necesita para tener una coagulación
sanguínea normal. Los factores de coagulación
V y VIII dependen del cobre para funcionar normalmente,
y los estudios demuestran que la trombosis auricular es
más frecuente en animales alimentados con dietas
deficientes en cobre. Más aún, pacientes que
han muerto de infarto al miocardio han mostrado una menor
concentración de cobre en el tejido cardíaco
que aquellos que han muerto por otras causas. Sin embargo,
no se sabe si la deficiencia de cobre fue la causa del infarto
o éste fue el resultado de alguna afección
cardíaca subyacente.
Transporte del hierro y anemia
El cobre también promueve la formación de
glóbulos rojos normales. Ayuda a convertir el hierro
a su forma férrica – el tipo más útil
de hierro – y también ayuda a transportar hierro
hacia y desde los tejidos. La deficiencia de cobre puede
causar anemia y sobrecarga de hierro en los tejidos. De
hecho, la anemia es una de las manifestaciones clínicas
más comunes de deficiencia de cobre.
Salud ósea
El cobre también tiene un rol importante en la salud
del esqueleto, y a través de la acción de
la lisil oxidasa, es esencial para la formación de
tejido conectivo flexible y resistente, el cual une una
parte del cuerpo con otra, mantiene los órganos en
su lugar, fortalece el corazón y los vasos sanguíneos,
y refuerza la resistencia de los huesos. Las fracturas óseas,
las anormalidades del esqueleto y la osteoporosis se asocian
con la deficiencia de cobre en lactantes de bajo peso de
nacimiento y niños.
Altos niveles de cobre en la sangre se han vinculado a una
mayor densidad de mineral óseo en la espina dorsal;
y, menores niveles de cobre se han observado en personas
con fracturas óseas.
Función inmunológica
El sistema inmunológico necesita cobre para realizar
distintas funciones. La deficiencia de cobre tiene un efecto
profundo en ciertas poblaciones de leucocitos (neutrófilos
y macrófagos); y la neutropenia (una reducción
del recuento neutrofílico) podría ser un signo
clínico de deficiencia de cobre en humanos. Se ha
estudiado la función inmunológica en lactantes
con deficiencia de cobre antes y después de la suplementación.
La actividad fagocítica de ciertos leucocitos –
su habilidad de rodear material extraño – aumentó
después de la suplementación con cobre. Otras
investigaciones en hombres jóvenes sanos con dietas
de 0,66 mg de cobre al día mostraron una disminución
de la proliferación de otras células inmunológicas
(células mononucleares de sangre periférica)
durante este tiempo. La deficiencia del cobre también
ha sido asociada con una mayor incidencia de infecciones
respiratorias severas en lactantes.