Aplicación en enfermedades
Alzheimer
El Alzheimer es uno de los males más temidos en nuestros
tiempos; una enfermedad que contempla entre sus síntomas
la pérdida de la memoria, de la orientación
y de la propia personalidad. Aunque no existen cifras concluyentes
sobre la cantidad de gente afectada por el mal, sólo
en Estados Unidos se habla de 4 millones de personas, y
de entre 650 mil y 850 mil en Alemania. Sobre lo que no
cabe duda es que la enfermedad es un tema importante para
el planeta, incluso los expertos estiman que el número
de afectados podría llegar a triplicarse en los próximos
50 años, debido a la evolución demográfica
derivada de la creciente longevidad de la población.
Además de los síntomas mencionados, el Alzheimer
incluye pérdida de la memoria, deterioro del lenguaje,
falta de juicio y razonamiento, confusión, inquietud
y oscilaciones del humor. Eventualmente, destruye también
la cognición, la personalidad y la capacidad de funcionar.
El curso normal de la enfermedad termina con la muerte,
pero el período de tiempo que los enfermos se mantienen
vivos, desde que se les diagnostica la enfermedad, oscila
entre 5 y 20 años.
Hasta ahora, la medicina no ha podido hacer frente a este
mal, pero se hacen numerosos esfuerzos en ese sentido. Especialistas
de la Universidad de Sarre y la Universidad Libre de Berlín
han partido de la idea de que los enfermos de Alzheimer
presentan una concentración de cobre inferior a la
habitual en el tejido cerebral.
Según estos científicos, si el nivel de cobre
es demasiado bajo, la proteína APP, que incide en
el equilibrio del metabolismo celular de este mineral, no
logra realizar su función e induce a la formación
de placas seniles que destruyen las células cerebrales,
por lo que una manera posible de combatir este mal sería
suministrar algunas dosis del metal rojo a quienes lo padecen.
El diagnóstico de Alzheimer suele hacerse cuando
el paciente ya presenta problemas serios con su memoria,
lo que hace muy difícil contar con un dictamen temprano.
Por lo tanto, los esfuerzos deben ir dirigidos a tratar
a pacientes con potencial riesgo de Alzheimer, ya que si
se comprueba la relación entre el déficit
de cobre y la enfermedad, este mal podría ser preventivamente
enfrentado.
Influenza
El cobre podría ayudar a prevenir infecciones derivadas
de la influenza. Estudios muestran cómo la Influenza
A es prácticamente erradicada en seis horas en superficies
de cobre. Los virus de la Influenza A (en cuya familia se
incluye la problemática cepa del virus aviar) causan
un promedio de 200.000 hospitalizaciones y 36.000 muertes
al año sólo en Estados Unidos.
Los investigadores pusieron 2 millones de unidades de placas
en formación de Influenza A (H1N1) en cupones de
cobre C11000 (hojas de metal de cobre puro, común)
y en S30400 (acero inoxidable común) a temperatura
ambiente y volvieron periódicamente para supervisar
las tasas de supervivencia de las muestras. En el acero
inoxidable, el patógeno disminuyó a un millón
después de seis horas y a 500.000 después
de 24 horas. En cambio, la superficie de cobre alcanzó
una reducción de 500.000 después de sólo
una hora y fueron inactivados en su totalidad excepto 500,
lo que implicó una reducción de 99.99% después
de sólo seis horas.
La cepa H1N1 testeada es casi idéntica a la cepa
H5N1 (Aviar), por lo tanto, la efectividad de las propiedades
anti-microbianas del cobre deberían ser casi idénticas.
Científicos sugieren que sería conveniente
considerar el uso de cobre en superficies comunes de contacto,
tales como manillas, pasamanos, lavatorios, entre otras,
para evitar la contaminación cruzada. Los servicios
públicos de salud son candidatos de primera línea
para usar aleaciones de cobre en sus superficies de contacto
y así ayudar a controlar el esparcimiento de la infección.
Vacas Locas
De acuerdo a una investigación publicada en la revista
italiana “Corriere della Salute”, la carencia
de cobre en el ser humano y en los animales podría
ser la causa de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob.
Los estudios más acreditados sobre la causa de la
nueva variante de la enfermedad Creutzfeldt-Jakob, en su
forma humana, conducen a la hipótesis de que la proteína
priónica no posee un correcto funcionamiento gracias
a la carencia de cobre, lo que produce como consecuencia
la muerte de células cerebrales.
Científicos han demostrado que la proteína
priónica “normal”, no alterada, contiene
sitios capaces de retener cobre, y que éstos han
tenido un papel importante en el control de los niveles
de este metal en el cerebro. Sin embargo, se ha encontrado
en los cerebros de las personas fallecidas a causa de la
variante humana de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob menos
cobre y más manganeso y zinc respecto a la norma.